PRIMERAS CONFESIONES

El pasado sábado, día 17 los niños de la parroquia, que se están preparando para la Primera Comunión celebraron por primera vez el sacramento del perdón.

Después de haber recibido en las semanas anteriores la catequesis sobre este sacramento llegó el momento de recibirlo y experimentar la alegría del perdón de Dios.

Después de una breve celebración de la palabra, los que se están preparando para el bautismo hicieron el rito penitencial: una oración con imposición de manos y la unción con el óleo de los catecúmenos, luego se retiraron y quedaron los ya bautizados para confesarse. Al salir del confesonario le esperaban sus padres que les revistieron una túnica blanca , símbolo de la limpieza recibida en el bautismo y que se recupera por la confesión. Los padres rezaron con su hijo la penitencia y muchos también se confesaron, dando así un buen ejemplo a sus hijos.

Resultó una celebración piadosa. Era hermoso ver a los casi treinta niños vestidos de blanco, muchos se hicieron fotos al final para recordar un día tan importante

VEINTICUATRO HORAS PARA EL SEÑOR EN SANTIAGO

Como cada año el Papa nos invita durante la Cuaresma a una jornada de Adoración al Santísimo y a la celebración del sacramento del Perdón. También el Sr Arzobispo en su carta Pastoral en la Cuaresma nos lo recomienda:

“En este camino cuaresmal os recuerdo la celebración de las 24 horas para el Señor, que tendrán lugar el viernes 12 y el sábado 13 de marzo, dejándonos guiar por las palabras de Jesús a la pecadora perdonada: “Han quedado perdonados tus pecados” (Lc 7,48). En la adoración eucarística encontramos también el ambiente propicio para celebrar el Sacramento de la Reconciliación cuya experiencia nos lleva a ser misericordiosos con los demás. Pido que, en las parroquias, en las comunidades religiosas y en nuestros Seminarios se programen momentos de adoración al Santísimo, lectura de la Palabra de Dios y celebraciones penitenciales en el contexto de esta celebración”.

Desde la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua (cripta de San Fernando, C/ República Argentina,23) invitamos a todos los que quieran a acercarse a este lugar de Adoración en las horas que lo permitan las restricciones horarias por la pandemia.

Se celebrará el sacramento de la penitencia en el siguiente horario

Viernes: 20.30- 21.45

Sábado: 9.30- 11.00

DOCUMENTAL EN EL 350º ANIVERSARIO DE LA CANONIZACIÓN DE SAN FERNANDO

HM Televisión presenta «Fernando III el Santo, un reinado en defensa de la cristiandad», un documental realizado en el marco del 350º aniversario de la canonización del ejemplar monarca español por el papa Clemente X, celebración que tuvo lugar el pasado 7 de febrero.

Fernando III nació en los comienzos del siglo XIII, en un momento histórico que ha sido definido como el «Siglo de Oro de la Cristiandad». La mano providente de Dios lo preparó desde la cuna para la misión que le había sido encomendada, pero lo preparó de una forma sorprendente a nuestros ojos. El hombre que un día uniría dinásticamente los reinos de Castilla y León, nació sin derechos sucesorios a ninguno de los dos tronos. Pero quizás fue precisamente el hecho de no ser sino un infante más de la corte lo que le permitió no solo observar el enérgico modo de actuar de su padre, el rey Alfonso IX, sino recibir una amplia influencia de su madre, Doña Berenguela, mujer profundamente religiosa, inteligente y reflexiva, que marcará decisivamente el modo de ser y de actuar de este rey ejemplar, caracterizado por su piedad, prudencia y heroísmo.

El grito de «Dios lo quiere» le empuja a la cruzada contra el invasor musulmán, reconquistando y restaurando el Reino de España para Jesucristo.  No fue una decisión tomada a la ligera, sino una decisión que se podría definir como mística: basada en el convencimiento de estar respondiendo a una vocación que tenía como objeto el servicio de Jesucristo y la restauración de la Cristiandad.

¿Cuáles fueron las motivaciones de este rey que conquistó el Cielo, literalmente, a punta de espada? ¿Cuáles fueron las motivaciones de sus conquistas, de su reinado? ¿Cómo fue posible que pudiera ser rey y santo, guerrero y santo? ¿Cómo fue tan amado no solo de sus amigos y súbditos, sino incluso de sus enemigos? Lo descubriremos en «Fernando III el Santo, un reinado en defensa de la cristiandad» gracias a las intervenciones de:

  1. Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz;
    D. Manuel García Fernández, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla;
    D. Félix Martínez Llorente, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Valladolid;
    D. Emiliano González Díez, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones españolas de la Universidad de Burgos;
    D. José Sánchez Herrero, catedrático emérito de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla;
    Dña. Margarita Torres Sevilla-Quiñones de León, doctora en Historia Medieval por la Universidad de León;
    P. Santiago Cantera Montenegro, doctor en Historia Medieval por la Universidad Complutense de Madrid;
    Dña. Gloria Lora Serrano, doctora en Historia Medieval por la Universidad de Córdoba;
    Dña. Margarita Cantera Montenegro, doctora en Historia Medieval por la Universidad Complutense de Madrid;
    D. Antonio Ramos Puerta, expresidente de la Asociación de Fieles de Ntra. Sra. de los Reyes y San Fernando;
    D. Hugo Santos Gil, Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de Valme, Sevilla;
    D. David Rivera López, Hermandad de la Virgen del Águila, Sevilla.

Que San Fernando nos enseñe a vivir según la norma de vida que él siguió: «Tú, Señor, que conoces los corazones y te son patentes los más secretos pensamientos, sabes que no busco mi gloria, sino la tuya, y que no deseo tanto el aumento de los reinos caducos de la tierra, cuanto el aumento de la fe católica y la religión cristiana».

VUELVEN A SONAR LAS CAMPANAS

Al construir el campanario no se tuvo en cuenta al acceso para llegar a las campanas por eso al sufrir una pequeña avería hubo que montar un andamio y silenciar los toques de misa y del Ángelus durante un tiempo. Estos días ya se puede oír de nuevo el toque de las campanas que, en medio del ruido de la ciudad nos recuerdan la voz de Dios que nos invita a la oración.

MENSAJE DEL PAPA PARA LA CUARESMA

Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18).

Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el agua viva de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y acumula la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta encíclica Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle poner su morada en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

La esperanza como agua viva que nos permite continuar nuestro camino

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta encíclica Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta encíclica Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

En nuestra parroquia tendremos misa con imposición de la ceniza a las 9.00, 19.00 y 20.00

Los Viernes se rezará el Viacrucis a las 19.30

OBISPO AUXILIAR PARA NUESTRA DIOCESIS

Ayer, dia 28 de Enero, se hizo público el nombramiento de D. Francisco José Prieto Fernández como obispo Auxiliar de Santiago de Compostela. Nos alegramos de este nombramiento pidiendo ya desde ahora para que el Señor le bendiga en su nuevo ministerio.

Natural de la diócesis de Orense, donde tuvo diversos cargos pastorales, últimamente era vicario episcopal para la Nueva Evangelización. Su ordenación está prevista para el 10 de abril.

Reproducimos su saludo a la diócesis

A todos los fieles cristianos, a mis queridos hermanos de la Archidiócesis de Santiago de Compostela

  • Os saludo cordialmente, con afecto y cercanía, en el Señor, el Buen Pastor, e invocando la intercesión del Apóstol Santiago, en este Año Santo apenas iniciado.

Cuando Dios nos llama, por medio de la Iglesia, a servir al Pueblo de Dios, uno no puede menos que sentir que la tarea encomendada excede las capacidades personales y que nadie está preparado cuando se le confía una responsabilidad así. Por eso, ante todo, agradezco al Señor que, por medio del Papa Francisco, haya confiado en mí para ejercer el ministerio episcopal al servicio de la Iglesia en Santiago de Compostela y del Arzobispo que la preside como pastor, Don Julián Barrio Barrio. Llego a vosotros tras casi 28 años como presbítero de la Iglesia en Ourense, una diócesis de larga y secular historia, en la que nací y crecí en la fe como cristiano y sacerdote. Fui aprendiendo de sus fieles y de cada una de las parroquias en las que ejercí el ministerio sacerdotal, de mis hermanos en el Presbiterio, de las comunidades de vida consagrada, de tantos laicos en los que he reconocido un servicio generoso a la Iglesia, de un pueblo de Dios sencillo y hondo en su fe, vivida y celebrada de un modo tan rico y diverso. Y un agradecimiento especial, al Obispo de esta Iglesia ourensana, Don Leonardo Lemos Montanet, con el que he colaborado en su ministerio pastoral como Vicario Episcopal para la Nueva Evangelización.

En estas circunstancias, soy muy consciente de mis debilidades y limitaciones. Son momentos para ejercer la confianza en Dios, y descubrir con gozo que Él nos da su gracia cuando nos llama a servir con más entrega al Pueblo de Dios.

Sois una Iglesia en la que convergen, desde hace siglos, caminos de peregrinación que llevan hasta la Puerta Santa y conducen a la tumba de Santiago el Zebedeo. Pero también son muchos los caminos que recorren la vida de la Archidiócesis de Santiago de Compostela y que tendréis que enseñarme a descubrir y conocer. Los caminos que transitan a través de vuestras comunidades parroquiales, que vuestros sacerdotes recorren con generosidad y esfuerzo: desde las dispersas parroquias del mundo rural, hoy tan afectado por la despoblación y el olvido, hasta las presentes a lo largo de la costa, donde el mar acaricia a sus gentes en medio de importantes retos y dificultades; sin olvidarme de los núcleos urbanos de Santiago de Compostela, A Coruña y Pontevedra, de rica historia y abundante vida eclesial. Y también aquellos otros caminos que son los Seminarios Diocesanos, los grupos y movimientos de apostolado seglar, las comunidades de vida consagrada, la acción de Cáritas y sus voluntarios.  Sin olvidar a nadie, todos y cada uno de los caminos que atraviesan, con sus gozos y esperanzas, tristezas y angustias (cf. GS 1), la vida de cada uno de vosotros, de vuestras familias y, especialmente, de los que más sufren a consecuencia de la crisis sanitaria y social que estamos viviendo en estos momentos.

Desde hace casi un año, vivimos una situación dramática provocada por la irrupción de la pandemia del COVID-19. Ha cambiado nuestras vidas y modo de relacionarnos, ha provocado dolor y sufrimiento en muchas personas, familias y colectivos sociales, ha modificado el modo de celebrar y vivir la fe, ha generado una ola de solidaridad con los más afectados, ha mostrado un esfuerzo notable y generoso del personal sanitario, de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, de las autoridades civiles y sanitarias, de tantos hombres y mujeres que, con su trabajo, hacen posible que se mantengan los servicios esenciales en nuestra sociedad. Y de tantos sacerdotes, religiosos y laicos que sois el rostro visible y concreto de una Iglesia en salida, con estilo samaritano, hacia nuestros hermanos más necesitados. Ante esta situación, como cristianos, en palabras del Papa Francisco, caminemos en esperanza por las semillas de bien que Dios sigue derramando en la humanidad y asumamos que, ante este reto y siempre, nadie se salva solo (cf. Fratelli tutti 54-55).

Un cordial y afectuoso saludo a todas las autoridades civiles, políticas, académicas, judiciales, militares y a los agentes sociales, así como a tantos hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes y no creyentes, cristianos y no cristianos, con el deseo de trabajar juntos, desde el respeto y el diálogo, en favor del bien común de las gentes y pueblos de la Archidiócesis de Santiago de Compostela.

Abierta la Puerta Santa del Año Jubilar Compostelano, encomiendo el ministerio, al que he sido llamado para serviros, al apóstol Santiago, a María nuestra Madre en sus advocaciones del Rosario, del Portal y de la Peregrina, y a San José, Patrono de la Iglesia Universal, en este año a él dedicado.

Que Dios os bendiga.

Francisco José Prieto Fernández
Obispo Auxiliar electo de la Archidiócesis de Santiago de Compostela

CELEBRACIÓN ECUMENICA

Con el lema “permaneced en mi amor y daréis fruto abundante” del 18 al 25 de Enero se celebró el Octavario de oración por la unidad de los cristianos en el que nos unimos cristianos de diversas confesiones: evangélico, ortodoxos, anglicanos…

Cada año con este motivo la Delegación Diocesana de Ecumenismo organiza una celebración ecuménica con la participación de representantes de otras iglesias para orar juntos. Este año eligieron nuestra parroquia para celebrar este encuentro, que tuvo lugar el viernes día 22, a las 20.30.

VISITA DE LA VIRGEN PEREGRINA DE RADIO MARIA

Del  17 al 23 de enero  hemos tenido en la parroquia la imagen de la Virgen Peregrina de Radio María. A través de esta imagen se promociona la devoción del rezo del Santo Rosario y se difunde el Apostolado  tan eficaz que, desde hace 25 años, está realizando Radio María en España. Una iniciativa iniciada en Italia y  que se ha ido extendiendo por otros muchos países

A lo largo de esta Semana  se ha podido venerar esta hermosa imagen en nuestra iglesia. Muchos han dejado sus  peticiones en una urna debajo de la imagen para que luego las encomienden los miles de oyentes de la radio de María.

Voluntarias de Radio María han dirigido y motivado el rezo del Rosario y nos han compartido testimonios  de personas que se han convertido o acercado más a la Iglesia a por medio de la Virgen que sale al encuentro de sus hijos a través de las ondas.

El sábado por la tarde y el domingo la imagen fue trasladada a la parroquia de San Cayetano y luego será llevada a Pontevedra y a Vigo.

Para conocer Radio María visita www.radiomaria.es

ANIVERSARIO DE LA ADORACIÓN PERPETUA

El día 20 de Enero se cumple el aniversario de la inauguración de la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua en la ciudad de Santiago. Aquel día el Sr Arzobispo presidió la Santa Misa y Procesión tras la cual el Santísimo quedó entronizado  en la cripta de la parroquia de San Fernando. Desde ese momento a cualquier hora del día o de la noche se puede visitar al Santísimo gracias a los que se comprometen con una hora de adoración a la semana. Hay adoradores de distintas parroquias de la ciudad y de otras localidades como Ames, Teo, Arzúa, Sigüeiro, Noya, Pontevedra….Gracias a estos adoradores , que se comprometen con una hora de adoración a la semana, se ha podido mantener abierto, día y noche este oasis de oración silenciosa de la que el Sr Arzobispo, cómo nos decía en aquel momento, espera abundantes frutos para la ciudad y la diócesis.

Dadas las restricciones derivadas de la Covid, no vamos a celebrar ahora este aniversario, sino que lo posponemos al 13 de Mayo. Fue el día de la Virgen de Fátima, cuando se pudo reabrir de nuevo la Adoración Perpetua después de la obligada interrupción con motivo del confinamiento. Actualmente se mantiene día y noche ya que hay autorización para los que tienen turno durante el toque de queda

En estos tiempos recios que estamos sufriendo es importante incrementar la oración y sobre todo buscar la paz y la esperanza que brotan del Corazón Eucaristico de Jesús

Si quieres inscribirte: adoracion@parroquiadesanfernando.com

tfno 981591172